Terapia de Proceso


 Proceso Terapéutico

¿Para qué?


Hay muchas y buenas razones para realizar un proceso terapéutico individual con un profesional. Algunas son muy habituales y están relacionadas con experiencias que pueden suceder en cualquier momento de nuestra vida.

La necesidad de reparar algún daño o herida que hayamos sufrido y sentirnos con falta de recursos para saber cómo atravesar esta experiencia y seguir adelante, nos angustia o enfadada invadiendo nuestro hacer cotidiano.

La necesidad de desarrollar algún aspecto de nuestra vida o personalidad que sentimos que se ha estancado, que no fluye como nos gustaría, y necesitamos que se abra, que crezca para poder seguir adelante y sentirnos plenamente satisfechos.

La falta, en nuestra cultura, de Educación Emocional. La dificultad de gestionar nuestro propio mundo emocional para poder relacionarnos bien con los demás. 

Esta falta de aprendizaje nos puede traer problemas en la familia, con los padres o los hijos, en nuestro mundo laboral, en cómo nos relacionamos con las figuras de autoridad, o con nuestros iguales.

Siempre será mucho más efectivo, más rápido y más seguro pedir ayuda profesional. Resolverlo por uno mismo puede demorar más tiempo, implicando mayor desgaste emocional y generalmente sin obtener buenos resultados.

Una crisis nos plantea habitualmente echar mano de recursos escondidos, para poder crecer en madurez, que podemos no ver con nuestros propios ojos. El ser humano, como organismo vivo está en permanente movimiento de evolución y cambio. Las experiencias que vivimos nos transforman tanto a nivel consciente como inconsciente, y adaptarse a esos cambios puede ser una tarea difícil de hacer en solitario.

¿Cuándo?


Hay dos indicadores básicos que pueden ayudarnos a identificar el momento de pedir ayuda profesional. 

Uno de ellos es reconocer en uno mismo un estado emocional de ansiedad, angustia, miedo o apatía que se mantiene en el tiempo, y que a pesar de haber usado todas nuestras estrategias y recursos para recuperarnos, no lo conseguimos. Es el momento en que necesitamos una mirada nueva que nos ayude a incorporar nuevos recursos.

Otro es sentir que sostenemos una situación estresante, repetitiva, o preocupante durante mucho tiempo, confiando en que cambiaría, por si sola o por acción de otras personas, pero esto no sucede y nos sentimos cada vez con menos energía y vitalidad u optimismo.

El estrés crónico es una gran tierra de cultivo donde se desarrollan todas las enfermedades y síntomas. Es importante evitarlo, o minimizarlo, para vivir con salud.

En el ámbito de nuestra mente y las emociones humanas no hay recetas predefinidas que podamos utilizar siempre, porque ni tan siquiera funcionan las mismas herramientas, para nosotros mismos a lo largo de nuestra vida.

Dejarse acompañar en el apasionante y difícil proceso de crecer y conocerse a uno mismo implica un acto de valentía y generosidad con uno mismo que nos engrandece.

Nacemos en una relación, vivimos en relaciones, nos puede dañar una relación y nos puede sanar una relación. Todo en nuestra vida sucede en una relación.

El vínculo saludable que construimos en la relación terapéutica es un recurso de aprendizaje que nos acompañará a lo largo de toda nuestra vida.

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